sábado, 29 de junio de 2013

¿Somos capaces de modificar nuestros pensamientos?

La ciencia defiende que gracias a la plasticidad neuronal del cerebro es posible, pero con constancia


Todos los cambios en la vida cuestan. Incluso los más, a priori, digeribles (cambio de trabajo, de residencia…) casi siempre comportan algún tipo de contrariedad. Por no hablar de los más profundos (de pareja, de hábitos) que requieren de una dosis de tesón, esfuerzo y, por qué no decirlo, sufrimiento. Pero a la postre, es factible hacerlos, no es una utopía. A unos les llevará más tiempo, a otros menos, pero no son un imposible.

Sin embargo, ¿qué pasa cuando hablamos de cambios más abstractos? ¿De algo tan intangible como pueden ser los pensamientos? Quizás, muchos defenderán que ese tipo de modificaciones son una quimera, algo inviable. Sobre todo si hablamos de esos pensamientos recurrentes que nos acompañan constantemente y que, en algunos casos, incluso pueden llegar a ser muchas veces paralizantes. Pues bien, la ciencia nos dice que incluso este aspecto es posible modificarlo.

¿Y dónde está la clave?, se preguntarán. La respuesta es clara: en la plasticidad de nuestro cerebro. “La plasticidad es la capacidad de modificar, y la conducta es muy modificable”, explica a LaVanguardia.com Manuel Nieto Sampedro, neurocientífico responsable del grupo de Plasticidad Neuronal del Instituto Ramón y Cajal del CSIC. “Lo único que hay que hacer es persistir en una modificación. El sistema nervioso se modifica por repetición”, añade. Es como aquel deportista que mejora sus prestaciones a base de entrenamiento continuo, repitiendo una acción hasta la saciedad.

El uso repetido de una conexión sináptica, entre dos células nerviosas, produce lo que se denomina potenciación de larga duración, que se asocia con el aprendizaje y la memoria. “Es un fenómeno electrofisiológico que conduce a cambios morfológicos. Una cosa que es fisiología, actividad eléctrica, produce una modificación anatómica”, esgrime Nieto.

Gracias a la constancia, a la repetición, “un contacto pequeño entre dos células nerviosas se puede hacer más grande, más eficaz”. “Si para comunicar una célula con otra hace falta 1 picovoltio [una billonésima de voltio], cuando la comunicación está ‘potenciada’ con 0,1 ya sería suficiente. Eso quiere decir que con una señal mucho más pequeña se producen resultados incluso más grandes que antes de potenciarse”, agrega este investigador del CSIC.

De la teoría a la práctica

La ciencia nos dice que nuestro cerebro es moldeable, que nuestro sistema nervioso se puede modificar a través de la repetición y que, en consecuencia, tenemos la capacidad de modificar algo tan intangible como son nuestros pensamientos recurrentes. La teoría está clara. Pero, todo esto, llevado a la práctica, ¿cómo se hace? Una vía posible es, sin duda, la meditación.

“Con la meditación, y eso se ha demostrado científicamente, disminuye la ansiedad y la depresión (mejora el estado de ánimo). Además, da más ecuanimidad, nos permite relacionarnos mejor con los otros y en general nos tranquiliza”, relata el médico y profesor de Psicobiología de la Universidad de Valencia, Vicente Simón.

Las técnicas meditativas que se utilizan son, básicamente, de concentración. Se trata de focalizar la atención en una cosa y mantenerla. Esa es la idea a grandes rasgos: concentrarnos en cosas que nos aporten bienestar y llegar a tolerar o desechar poco a poco las que nos incomoden. “Es inicialmente difícil, porque simplemente no estamos entrenados para ello”, arguye Simón. “Normalmente, la mente va de aquí para allá. Los orientales la llaman la 'mente mono', porque salta de un lado a otro”, agrega. El secreto, como no se cansa de repetir Manuel Nieto Sampedro, radica en la persistencia. Una persistencia que comportará con el tiempo cambios en nuestro sistema neuronal.

Una gran cantidad de estudios científicos avalan la meditación como fuente de beneficio para el cerebro. En 2011, por ejemplo, investigadores de la Universidad de Yale comprobaron, a partir de imágenes cerebrales, que las personas que practican con frecuencia son capaces de apagar las áreas del cerebro relacionadas con soñar despierto y las divagaciones.

En el mismo año, psiquiatras del Hospital General de Massachussets comprobaron, en un estudio publicado en la revista Psychiatry Research, que ocho semanas de meditación podían comportar cambios en las regiones cerebrales relacionadas con la memoria, la autoconciencia, la empatía y el estrés. Detectaron, a través de las imágenes obtenidas por resonancia magnética, un incremento de la densidad de materia gris en el hipocampo, una zona muy importante para el aprendizaje y la memoria, y en estructuras asociadas a la autoconciencia, la compasión y la introspección.

En la actualidad, la meditación “se utiliza, de forma clínica, para prevenir la recaída en la depresión”, apunta el doctor Simón. “También se están desarrollando muchos programas clínicos para tratar otras patologías: ansiedad, drogodependencias, trastorno límite de personalidad, trastornos de alimentación, etc.”. En todos los casos, la meditación supone una herramienta más de las que conforman el protocolo de actuación.

Todo el mundo puede practicarla

La práctica de la meditación no sólo comporta beneficios a las personas con algún tipo de problema, sino que “aporta bienestar a todo aquel que la practique”. “Es cuestión de motivación y fuerza de voluntad para empezar. Lo que cuesta más es encontrar 15 ó 20 minutos al día y reservarlos para llevar a cabo la práctica”, reflexiona Simón.

Cabe tener en cuenta que de la misma manera que nuestro cerebro tiene capacidad para aprender, también cuenta con la posibilidad de desaprender. “La potenciación de una conexión puede perderse. Somos animales reversibles. Una ‘potenciación de larga duración’ se puede adquirir a base de repetir algo, pero se puede perder a base de repetir lo mismo a frecuencia e intensidad distintas”, sentencia el neurobiólogo Manuel Nieto.

http://www.lavanguardia.com/salud/20130628/54376873735/somos-capaces-modificar-nuestros-pensamientos.html

lunes, 17 de junio de 2013

La herencia del Doctor Muerte

 


Aribert Heim, en 1961, con su hijo Rüdiger poco antes de huir.

El cuerpo de Aribert Heim, el Doctor Muerte, continúa sin aparecer, pero, al menos, acaba de aflorar su herencia: un millón ochenta y ocho mil euros. Ese es el legado económico que el criminal nazi más buscado ha dejado a sus herederos. Un juzgado municipal de Berlín acordó el pasado 3 de abril aceptar el óbito del Carnicero de Mauthausen —desaparecido durante décadas y declarado muerto hace solo nueve meses—, examinar los documentos sobre sus últimos deseos y preguntar a sus dos hijos si aceptan el dinero: Rüdiger, de 57 años, soltero, ha respondido que sí. Su hermano Aideberg, de 63, casado, ha contestado con una negativa. No quiere recibir nada del hombre acusado de asesinar a 300 presos con inyecciones de benceno en el corazón en el siniestro Revier, enfermería, del campo de Mauthausen.
 Los hermanos Heim han mantenido una posición muy diferente desde que su padre se fugó de Alemania cuando ellos tenían seis y doce años. El menor contactó con él en su secreto refugio en El Cairo (Egipto), le ayudó, visitó varias veces y acompañó durante sus últimos días de vida. Creyó en su inocencia y mintió sobre su paradero. El mayor no quiso saber nada de su progenitor ni volvió a verlo jamás. Dos actitudes distintas frente al mismo padre. “Me ha dicho que no quiere nada de él y así lo hemos comunicado al juzgado”, afirma Rüdiger de su hermano.
Después de una búsqueda infructuosa que duró 50 años, el juez Neerforth cerró el pasado mes de septiembre la búsqueda de uno de los hombres más odiados y perseguidos de Alemania. Documentos aportados al juzgado por Freitz Steinaker, de 91 años, abogado y amigo del nazi, y por Rüdiger Heim, su hijo menor, demostraron que el Doctor Muerte falleció en agosto de 1992 en El Cairo (Egipto) a los 78 años víctima de un cáncer de colon. El apuesto médico de las SS murió en los brazos de Rüdiger, el que ha aceptado la herencia, en su habitación del hotel Kars el Medina, donde vivió escondido bajo el nombre de Tarek Hussein Farid, identidad que adoptó cuando en 1980 se convirtió al islam. Los dueños del hotel, la familia Doma, asegura haber visto su cadáver.
Mi hermano me ha dicho que no quiere nada de él y así lo hemos comunicado al juzgado"
Rüdiger Heim
El 5 de mayo de 1962, poco antes de su fuga, Aribert Heim redactó una breve nota fechada en Fráncfort bajo el título de “mis últimas voluntades” y un texto que dice así: “Mis herederos tienen que ser mis hijos, al 50% cada uno”. En su herencia excluyó a Frield, entonces su esposa. El testamento estaba en una vieja maleta de cuero, con documentos, en la que el nazi guardaba sus recuerdos en el refugio de El Cairo.
El origen de Aribert Heim era humilde. Su padre era policía y su madre ama de casa, austriacos. Al terminar la guerra, el médico de las SS fue detenido y sometido a un proceso de desnazificación en una mina de sal de los Aliados. En 1947 quedó libre, conoció a Frield, una médica perteneciente a una rica familia alemana, y se casaron. Los Heim se instalaron en un precioso palacete de los padres de ella en Baden Baden y ejercieron de ginecólogos. Luego llegaron Aideberg y Rüdiger, que solo tenían doce años y seis años cuando un policía apareció en su casa y comenzó a hacer preguntas sobre la estancia del doctor en 1942 en la enfermería de Mauthausen. Heim huyó y se esfumó para siempre. “Mi madre no tenía problemas económicos. Poseía medios y no dependía de mi padre. No me parece extraño que no apareciera en ese testamento”, responde Rüdiger. Los Heim se separaron en 1967, cinco años después de su fuga. Frield inició una nueva relación en Baden Baden que ha durado hasta ahora.
Además del viejo testamento de 1962 encontrado en la maleta de El Cairo, el juzgado de Berlín acaba de recibir el original de otro legado nuevo. Está fechado en 1980, y Heim ordena en él dejar las tres cuartas partes de su herencia a Frield, su exesposa, y el resto a sus dos hijos a partes iguales. Pero, Frield, una mujer amable que hasta hace muy poco atendía al teléfono, falleció el pasado mes de diciembre, a los 90 años, en su casa y acompañada de su hijo Rüdiger, que ha convivido y cuidado de ella hasta su muerte. El nuevo testamento contempla la entrega de otros bienes a unos familiares. Heim tuvo una hija de otra relación que vive en Chile.
El dinero proviene de la venta de un edificio de 34 apartamentos embargado  después de su fuga
El millón ochenta y ocho mil euros que ofrece al juzgado municipal a los hermanos Heim procede de un edificio de Berlín con 34 apartamentos de alquiler que el Doctor Muerte había comprado en 1958. Cuando en 1979 se formalizó la acusación del tribunal de Baden Baden contra el criminal nazi, la justicia embargó el inmueble. Un tribunal de Berlín creado por los Aliados al terminar la Segunda Guerra Mundial y facultado para expropiar a los nazis le multó con 510.000 marcos alemanes, el valor del edificio en aquella época, pero el tribunal de Baden Baden no consintió la venta. El abogado Karlheinz Sendke, tutor en ausencia del Tribunal de Tutelas de Berlín, administró la propiedad. “Siempre creímos que el patrimonio de mi padre se había perdido”, dice Rüdiger.
La presión de los vecinos por el estado del edificio logró que el tribunal de Baden Baden levantara el embargo en 1988 y lo vendiera. El dinero se invirtió en fondos y acciones que alcanzaron 1,4 millones de marcos y que han permanecido embargados. Una llamada, en marzo de 1997, de Alexander Dettling, el policía de Stuttgart que seguía la pista del Doctor Muerte por todo el mundo, descubrió a la familia la existencia del dinero: “Quiero comunicarle que hay una cuenta a nombre de su padre en Berlín por valor de 1.400.000 marcos. No quiero comprarle, pero si su padre está muerto sus herederos cobrarán el dinero”, le dijo a Rüdiger.
Desde entonces Rüdiger ha tardado 13 años en decir la verdad. La confesó en 2010 al juez Neerforth, meses después de haber negado a EL PAÍS conocer el paradero de su padre. “Creo que mi padre cambió el testamento porque los apartamentos de Berlín los compró con un crédito avalado por mi madre. Era justo que ella fuera la mayor heredera”, afirma.

Heim se refugió en Egipto, donde murió a los 78 años en 1992. Su cádaver continúa sin aparecer
Las 21 cartas que Heim envió desde Egipto a sus familiares —todas con nombres en clave— revelan la preocupación que tenía sobre cómo aceptarían sus hijos los horrores que le achacaban testigos de la enfermería de Mauthausen. “No entiendo a la madre de los niños. Debería tener más madurez para activar la autoestima de nuestros hijos y para promover la independencia de alma y espíritu en su entorno. Sería difícil en una situación de pobreza, pero no es el caso”, reprochaba en una misiva del 24 de diciembre de 1982.
Aideberg, el hijo mayor, no volvió a ver a su padre. Le escribió una carta de despedida cuando supo por su hermano que le quedaban semanas de vida. Estudiaba medicina cuando se hicieron públicas las acusaciones. “Le afectó mucho. Nunca ha querido saber nada”, explica Rüdiger, el hijo menor, que todavía defiende a su padre. “La verdad judicial y la verdad de mi padre son diferentes”, esgrime.
La acusación fue redactada cuando el médico de las SS llevaba 17 años huido en Egipto y su introducción decía así: “Seleccionó a presos sanos, jóvenes y judíos para un tratamiento especial tanto en el campo como en la enfermería. Con la colaboración de otros funcionarios presos y ayudantes de la enfermería, los anestesió con éter y cloroformo para simular un examen médico. En este estado de desamparo les aplicó con sus propias manos una inyección de cloruro de magnesio en el ventrículo del corazón que tuvo el efecto esperado de la muerte inmediata de la víctima”.

¿Qué va hacer con el dinero? “No lo sé, necesito analizarlo”, responde Rüdiger.

 http://internacional.elpais.com/internacional/2013/06/14/actualidad/1371229310_801621.html

sábado, 15 de junio de 2013

Reconocen oficialmente los efectos nefastos de los pesticidas

Por Ivonne Sánchez
Las consecuencias nefastas de los pesticidas en la salud acaban de ser oficialmente reconocidas por investigadores franceses. El peritaje del Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica analiza, entre otras cosas, los efectos de los pesticidas en los cánceres de próstata, los linfomas, Parkinson y Alzheimer.
Entrevistada: Maria Pelletier, presidenta de la organización ecologista Generaciones Futuras.
 
 
CIENCIA PESTICIDAS Y SALUD PERITAJE INSERM
(04:34)